¿Qué la hace imprescindible?
La fachada monumental
Una imponente carta de presentación de estilo barroco con ecos herrerianos. Parada obligatoria para observar la hornacina de la Inmaculada y los escudos de los patronos, custodiados por tallas de ángeles y niños que son pura historia esculpida en piedra.
El Retablo Mayor de los Imberto
Una pieza excepcional que no nació aquí, sino que llegó desde la antigua parroquia de San Pedro de Lizarra. Es una obra maestra del taller de los Imberto para adentrarse en los detalles de los cuatro evangelistas y las escenas de la Pasión.
Un legado de tenacidad y resiliencia
Este convento es un superviviente. Fue fortificado por las tropas de Napoleón, incendiado en la Guerra de la Independencia y salvado de la Desamortización. Cruzar sus puertas es conectar con tres siglos de historia viva de Estella-Lizarra.
Cuándo visitar
El exterior es visible en cualquier momento. El convento es un lugar de culto y vida contemplativa por lo que la mejor forma de admirar su interior es respetando los horarios de liturgia o mediante las visitas guiadas. Se recomienda consultar disponibilidad y horarios en la Oficina de Turismo.
Ideal para
Cómo llegar
El convento se encuentra en el casco urbano de Estella-Lizarra, a un paso de las principales rutas monumentales, la Plaza de los Fueros, el Puente del Azucarero o la Basílica de Nuestra Señora del Puy.
Accesible fácilmente por las calles peatonales y vías urbanas del centro. Puedes dejar la bicicleta en las inmediaciones para acceder al interior del templo.
Se encuentra cerca de las zonas más monumentales, sin restricciones de aparcamiento en las inmediaciones. No obstante, se recomienda aparcar en los parkings públicos de la ciudad como el de la Estación o el Paseo de la Inmaculada y acercarse caminando.
La Estación de Autobuses de Estella-Lizarra se encuentra a menos de 10 minutos a pie, conectando el convento con las principales líneas interurbanas. La línea de autobús urbano tiene una parada en la puerta del convento.
Más información
El diseño principal corrió a cargo del arquitecto de origen francés Santiago Raón, quien proyectó una iglesia de planta de cruz latina, elegante y sobria. Al entrar, la mirada se eleva inevitablemente hacia sus bóvedas de medio cañón y la gran cúpula semiesférica que corona el crucero, decorada con yeserías que aportan una luminosidad especial al espacio.
El gran tesoro artístico del convento es sin duda su Retablo Mayor. Instalado en 1987, procedente de la parroquia de San Pedro de Lizarra. Es una joya de la escultura navarra realizada por la familia Imberto, famosos maestros imagineros de Estella-Lizarra. Se destaca la figura central de San Pedro y un Calvario gótico que remata el conjunto, flanqueado por relieves que narran con maestría escenas bíblicas. Además del retablo principal, el convento alberga otras piezas de gran valor, como el retablo de la Virgen del Pilar, obra de Lucas de Mena, que muestra la transición hacia un barroco más decorativo y emocionante.
Durante la Guerra de la Independencia, el convento fue transformado en una improvisada fortificación por las tropas napoleónicas, sufriendo un devastador incendio en 1808 a manos de las tropas españolas en su intento por desalojar al invasor. Tras ser reconstruido en 1819, el destino volvió a ponerlo a prueba con la Desamortización de 1843 cuando el inmueble salió a subasta pública, pero la ausencia de compradores permitió que la comunidad permaneciera en su hogar, convirtiéndose en un caso excepcional de supervivencia patrimonial.
En su etapa más reciente, el año 1987 marcó un antes y un después, con la instalación de su Retablo Mayor actual, rescatado de la parroquia de San Pedro de Lizarra. En la actualidad, el convento es un escenario donde el esplendor del barroco y la maestría del Renacimiento conviven con el latir cotidiano de la ciudad.