¿Qué la hace imprescindible?
Una ermita en las alturas
Situada a 1 224 metros de altitud en pleno Parque Natural de Urbasa-Andía, la Santísima Trinidad de Iturgoyen se alza sobre una amplia meseta ofreciendo panorámicas que alcanzan gran parte de Tierra Estella.
Un lugar de gran devoción popular
Cada año, a mediados de junio, el lugar acoge una romería profundamente arraigada en la tradición local: la imagen de la Trinidad es trasladada en procesión desde el núcleo urbano de Iturgoyen a lo largo de unos ocho kilómetros de peregrinación.
Un enclave arqueológico singular
Tras el ábside de la ermita se localiza una estela discoidal de piedra caliza decorada con motivos cruciformes y rosetones de seis pétalos, testimonio de antiguas prácticas funerarias y de la continuidad simbólica del lugar a lo largo del tiempo.
Cuándo visitar
La ermita puede visitarse durante todo el año. La festividad de la Santísima Trinidad, celebrada tradicionalmente a mediados de junio, constituye el momento más destacado para conocer este espacio y comprender su significado dentro de la comunidad local.
Ideal para
Cómo llegar
Desde el núcleo urbano de Iturgoyen parte una pista forestal en dirección noroeste que permite alcanzar la ermita tras un recorrido aproximado de ocho kilómetros. El itinerario discurre mayoritariamente por terreno frondoso, abriéndose en su tramo final a praderas de montaña.
El acceso es posible mediante una pista forestal desde Iturgoyen. El recorrido presenta pendiente moderada en algunos tramos.
Se puede acceder por pista forestal desde Iturgoyen hasta las inmediaciones de la ermita, con precaución en función del estado del terreno.
Iturgoyen cuenta con conexiones de transporte interurbano. Desde la parada más cercana, el acceso se realiza a pie o en vehículo privado.
Más información
El conjunto arquitectónico, construido probablemente entre los siglos XVI y XVII en mampostería de piedra caliza local revocada, está formado por dos cuerpos perpendiculares de fachada enlucida, uno de los cuales presenta una sucesión de arcos de medio punto abiertos hacia el exterior. Esta disposición responde a las necesidades funcionales derivadas del uso del edificio durante celebraciones colectivas, especialmente vinculadas a la romería anual.
En el entorno inmediato del templo se conserva una estela discoidal labrada en piedra caliza, decorada en ambas caras con motivos cruciformes, rosetones hexapétalos y elementos florales que remiten a simbologías protectoras de tradición medieval. Este vestigio, localizado tras el ábside, aporta un valor añadido al sitio, conectando el uso religioso contemporáneo con prácticas funerarias históricas del territorio.
Más allá de su interés arquitectónico, la ermita constituye un hito paisajístico dentro del macizo de Andía. Su emplazamiento sobre una extensa plataforma natural en la vertiente sur de la sierra, convierte la visita en una experiencia donde patrimonio, paisaje y tradición se entrelazan, ofreciendo al visitante una lectura completa del vínculo entre espiritualidad y territorio en el medio rural navarro.