¿Qué la hace imprescindible?
Infraestructura hidráulica de origen medieval
Documentada ya en el siglo XI, la presa del río Salado formaba parte de un complejo sistema vinculado al aprovechamiento industrial del agua salina, asociado al histórico molino de Muniavia.
Clave en el desarrollo salinero local
Lejos de destinarse al riego agrícola, las aguas hipersalinas del río Salado fueron utilizadas para la molienda de grano, la derivación de caudales y el abastecimiento de las salinas tradicionales, cuya actividad se remonta al menos a la época romana.
Reconstrucción y evolución técnica
Tras la destrucción de la estructura original por una riada en 1813, la presa fue reedificada mediante sillería caliza y bloques de ofita, adaptándose a las exigencias físicas y químicas de un cauce con elevada concentración de cloruro de sodio.
Cuándo visitar
Puede visitarse durante todo el año. En épocas de mayor caudal, el salto de agua generado por la antigua compuerta permite observar el funcionamiento histórico del sistema de derivación.
Ideal para
Cómo llegar
Desde el casco urbano de Salinas de Oro, se sigue el antiguo camino hacia el molino de Muniavía en dirección suroeste.
El recorrido se realiza por pistas rurales desde el núcleo urbano.
Es posible aproximarse por caminos locales hasta las inmediaciones del río. Se recomienda estacionar en los aparcamientos en el núcleo urbano y continuar a pie o en bicicleta.
Más información
Se trata de una presa de derivación de pequeña altura vinculada a la infraestructura molinar y al eje de un sistema hidráulico destinado al aprovechamiento energético y mineral de un cauce cuya salinidad impedía su uso agrícola convencional. Desde época altomedieval, este sitio fue fundamental para la transformación cerealista mediante molienda hidráulica, así como para la canalización de aguas destinadas a la producción de sal, recurso esencial en la economía navarra durante siglos.
A lo largo del tiempo, la presa fue objeto de sucesivas reparaciones para mitigar los efectos de las crecidas estacionales, hasta su reconstrucción definitiva en el siglo XIX tras una avenida que arrasó los restos anteriores.
Durante el siglo XX, el salto generado por la presa fue reutilizado para la producción de energía eléctrica mediante una pequeña central hidroeléctrica, ampliando así sus funciones industriales. En paralelo, las propiedades mineromedicinales del agua salada propiciaron la aparición de usos terapéuticos y recreativos en el entorno, incluyendo instalaciones de baño y colonias estivales vinculadas a organizaciones sociales. La obra actual responde a criterios de durabilidad frente a la corrosión salina, empleando materiales locales capaces de resistir la agresividad química del medio.